Codo de tenista: causas, síntomas y tratamiento

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Nov 20, 2019
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En esa larga lista que forman las lesiones deportivas está la epicondilitis, también conocida por codo de tenista, codo de arquero o codo de tirador. Pero, a pesar de lo que te puedan sugerir tales nombres, no se trata de una lesión exclusiva de esas disciplinas, ni está, en la mayoría de casos, relacionada con la práctica del deporte. De hecho, podría llamarse tranquilamente codo de carpintero o de cocinero, aunque así quizá tendría menos glamour.

Básicamente, el codo de tenista consiste en la inflamación de uno de los tendones extensores del antebrazo (el epicóndilo lateral), que forma parte del mecanismo que nos permite enderezar la extremidad.

¿Qué síntomas tiene el codo de tenista?

La epicondilitis se suele manifestar con un dolor localizado en la parte exterior del codo, que en ocasiones se puede extender al antebrazo y la muñeca. El dolor es intenso si se palpa la zona lateral externa de la articulación, y también si se estiran los músculos extensores.

Quien padece codo de tenista, a menudo encuentra dificultades para realizar gestos cotidianos como cargar pesos, sujetar objetos o simplemente girar el pomo de una puerta.

Causas del codo de la epicondilitis

¿Cuál es la causa de la epicondilitis?

El codo de tenista no tiene origen en ningún suceso traumático, sino (aunque probablemente contribuyen otros factores) en la repetición muy frecuente de un movimiento que involucra a los músculos del antebrazo. El caso del tenis resulta bastante ilustrativo si nos paramos a calcular las ocasiones que un jugador golpea la bola en un solo partido. Pero hay que precisar que las probabilidades de lesión son muchísimo más elevadas cuando la técnica es deficiente.

Un patrón semejante se da en otras actividades, deportivas o no, que comportan esa mecánica repetitiva y potencialmente lesiva. Los carpinteros, los carniceros o los pintores desarrollan epicondilitis con cierta frecuencia, e incluso un gesto tan leve como el de utilizar el ratón del ordenador implica una contracción constante de la musculatura del antebrazo. Tenlo en cuenta si estás sentado frente a la pantalla varias horas al día, porque tus tendones podrían resentirse.

Lo más eficaz contra el codo de tenista: la prevención

Empecemos con la buena noticia: la gran mayoría de los pacientes con epicondilitis se recuperan totalmente en un plazo de un año, o incluso menos, sin necesidad de recurrir a la cirugía. Pero la verdad es que no lesionarse es aún mejor que curarse bien. ¿Podemos evitar la aparición del codo de tenista?

Desde luego, podemos tomar algunas precauciones que servirán para reducir mucho ese riesgo:

  • Calentar correctamente. Una medida básica para evitar esta lesión y cualquier otra.
  • Realizarestiramientos que aumenten nuestra flexibilidad.
  • Descansar lo suficiente (nunca menos de un día a la semana) para que nuestro cuerpo se recupere bien de las sesiones.
  • Fortalecer los músculos de brazos, hombros y espalda para dar una mayor estabilidad a nuestras articulaciones.
  • Dejar inmediatamente de jugar o de practicar la actividad si, a pesar de todas las precauciones anteriores, notamos dolor en el codo. Seguir con ello podría causarnos una lesión severa que nos mantendría inactivos durante mucho más tiempo.

Tratamiento para la epicondilitis en el codo

Tratamiento del codo de tenista

Un tratamiento conservador con reposo y crioterapia en cuanto aparezcan los síntomas puede dar buenos resultados. Pero lo primero, en cualquier caso, es tener un diagnóstico claro.

Los ejercicios para el codo de tenista resultan de mucha ayuda en la recuperación y el fortalecimiento de la zona afectada. En general, se buscan ejercicios de movilidad que ayuden a mantener la amplitud del movimiento articular, estiramientos de los músculos flexores y extensores de la muñeca, aumento de la capacidad prensil y trabajo de flexión y extensión del codo.

Después del tratamiento y la recuperación, todavía te queda una labor importante para asegurarte de que la epicondilitis no volverá a aparecer: corregir los malos hábitos gestuales y posturales, y reducir en lo posible las horas que dedicabas a la actividad causante de la lesión. Tampoco son tantas cosas, ¿no?

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